Japón tiene una nueva supercomputadora



En la batalla por tener la supercomputadora más potente, Japón es el nuevo líder con su Fugaku, la nueva y más potente supercomputadora del mundo.

En una especie de "guerra fría mundial", Japón, después de 6 años de desarrollo, saca ventaja sobre sus competidores con este nuevo superordenador que es tres veces más potente que el que venía liderando hace dos años. Instalada en el Centro RIKEN de Ciencias Computacionales de Japón, Fugaku, como la han llamado, tiene una potencia total de 415.5 TFlopss, el triple que la Summit de Estados Unidos que hasta ahora ostentaba el título (aquí un enlace del ranking de supercomputadoras), en teoría puede alcanzar picos de 513.855 TFlop/s, tiene unos 7.299.072 núcleos y utiliza procesadores Fujitsu A64FX de 48 núcleos ARMv8.2-A a 2.2 GHz, la memoria es de 4.866.048 GB y consume unos 28.334 kW. Esta nueva maravilla tecnológica es el resultado de 6 años de desarrollo conjunto entre el gobierno de Japón, Riken y Fujitsu, y se espera que esté operando a pleno en 2021. Como es de esperarse, utiliza GNU/Linux como interfaz, precisamente la versión Red Hat Enterprise.



Ahora bien, ¿para qué sirve exactamente una computadora de semejante tamaño? en el área de la ciencia, se utilizan para realizar simulaciones e investigaciones científicas que requieren grandes volúmenes de cálculo. La velocidad de estos equipos son medidos en Teraflops que equivalen a billones de operaciones por segundo, lo que nos da una idea de la potencia y la velocidad de estas máquinas. Entre las principales áreas de investigación en las que se utilizan supercomputadoras, tenemos:

  • La predicción del clima, ya que se utiliza información que llega en tiempo real de diferentes centrales de información y detección de clima alrededor del mundo, en búsqueda de patrones que ayuden a predecir los cambios climáticos y evitar tragedias.

  • El estudio del universo, ya que al ser tan extenso y utilizar tantas variables a la vez se hace imposible para equipos convencionales.

  • Simular efectos destructivos y peligrosos, como pruebas nucleares o situaciones de alto riesgo que requieren alta potencia de trabajo.

  • Para probar la aerodinámica de los más recientes aviones militares.

  • Para modelar cómo se doblan las proteínas y cómo ese plegamiento puede afectar a la gente que sufre la enfermedad de Alzheimer, la fibrosis quística y muchos tipos de cáncer.